Veinticinco años
después, James Dalton recordaba con orgullo “ese momento de euforia”
cuando diseccionaron las ratas y vio que sus glándulas prostáticas se
habían encogido.
“Todavía se me pone la piel de gallina”, dijo señalándose el brazo.
Dalton,
de 63 años, es un científico especializado en el descubrimiento de
fármacos, con más de 100 patentes a su nombre en Estados Unidos y más de
500 a escala internacional. Se trata de un hombre que ha diseccionado
muchísimas ratas.
Pero los especímenes
de aquel día, de principios del año 2000, eran especiales. Dalton,
profesor asociado de la Universidad de Tennessee en Memphis por aquel
entonces, intentaba desarrollar un medicamento superventas que imitara
los efectos deseables de la testosterona y los esteroides anabolizantes
—como el crecimiento muscular y el aumento de la masa ósea— y redujera
los efectos no deseados.
Su ayudante
de laboratorio se había pasado toda la noche recolectando los órganos de
las ratas. Normalmente, habría que pesarlos para determinar cualquier
cambio, pero en este caso los resultados eran inconfundibles a simple
vista: las próstatas tratadas con el nuevo fármaco de los investigadores
se habían encogido considerablemente, a diferencia de las de las ratas
tratadas con testosterona. Todos los miembros del equipo de
investigación de Dalton se reunieron para mirar triunfalmente.
Los posibles usos médicos de este nuevo
fármaco eran profundos: aumentar la masa muscular en pacientes de cáncer
con trastornos de desgaste muscular; mejorar la fuerza en pacientes con
osteoporosis; combatir la fragilidad en los ancianos; tratar la
incontinencia en mujeres con músculos pélvicos débiles.
“Sabía que habíamos logrado algo”, dijo Dalton con una sonrisa cada vez más amplia.
Su
estudio se publicó tres años después. Pero algo extraño ocurrió en el
camino hacia la comercialización del medicamento revolucionario. Dalton
recibió una llamada de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos. Había un
gran problema. Su fármaco no estaba aprobado para uso humano, pero de
algún modo se estaba detectando en atletas de nivel olímpico.
La creación del laboratorio de Dalton,
que se conocería como ostarina, estaba causando estragos en el mundo del
deporte. Décadas después, eso sigue sucediendo. Incluso podría haber
impedido que un atleta estadounidense formara parte del equipo olímpico
para los Juegos de Invierno que se celebran este mes en Italia.
En el 2000, Dalton era un investigador pionero en una clase emergente de fármacos conocidos como SARM, o moduladores selectivos del receptor de andrógenos.
Su investigación estaba dirigida a
abordar problemas médicos importantes. La testosterona y los esteroides
anabolizantes, explicó, pueden proporcionar beneficios significativos
para la salud —sobre todo el crecimiento muscular—, pero tienen efectos
secundarios. Por ejemplo, una mujer tratada con testosterona podría
experimentar problemas de masculinización, como crecimiento del vello y
voz más grave. El descubrimiento de Dalton ofrecía a las pacientes los
beneficios sin esos efectos indeseados.
La publicación de la investigación del equipo de Dalton en The Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics
fue como publicar una receta en Epicurious. Al margen de la patente,
los expertos farmacéuticos de todo el mundo se pusieron manos a la obra
para desarrollar el nuevo fármaco. Sabían que habría compradores.
Distribuidores de Estados Unidos, con nombres como Warrior Labz y Accelerated Genetix,
compraban ostarina en el extranjero —los fabricantes de China fueron
especialmente productivos— y la vendían desde elegantes sitios web que
presumían de un control de calidad de primera y de “pruebas de pureza
realizadas por terceros”. A menudo se seguía el rastro de los
distribuidores hasta direcciones residenciales o buzones de tiendas UPS
en centros comerciales.
“Detuvimos a
muchos de esos tipos”, dijo Dan Burke, quien fue jefe de investigaciones
cibernéticas de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por
su sigla en inglés) antes de incorporarse a la agencia antidopaje como
director de inteligencia e investigaciones. “Estos tipos no tienen ni
idea de lo que manejan”.
Dalton empezó a recibir solicitudes de orientación de atletas
recreativos. Los ensayos clínicos en humanos generalmente implicaban
dosis de 3 a 9 miligramos al día. Algunos deportistas de fin de semana
experimentaban con 50-70 miligramos al día, o más. Dalton sabía por sus
investigaciones que dosis de 25 miligramos o más al día podían tener
efectos no deseados en los varones.
“Les
envía una señal al cerebro: ‘A ver, ya tengo suficiente testosterona’,
de modo que dejan de producirla”, dijo. “Sus testículos se encogen y se
vuelven infértiles”.
La sustancia se
extendió desenfrenadamente por el panorama deportivo. Pronto, la Agencia
Antidopaje de Estados Unidos llamó a Dalton para pedirle información, y
la Agencia Mundial Antidopaje añadió la ostarina a su lista de
sustancias prohibidas. Levantadores de pesas, corredores, practicantes
de snowboard, luchadores de artes
marciales mixtas y corredores de motociclismo dieron positivo. Lo mismo
sucedió con un ciclista, un pentatleta, un competidor de jiu-jitsu y un
jugador de hockey.
“Parecía surgir de
la nada”, dijo Matt Fedoruk, director científico de la agencia
estadounidense. Y, de repente, estaba en todas partes.
El medallista de oro olímpico en salto con pértiga de 2016 dio positivo por ostarina y fue excluido de los Juegos de París 2024.
Una
velocista estadounidense que ganó una medalla de oro olímpica fue
sancionada por dar positivo por ostarina, dos veces. Un velocista
británico dio positivo en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, por lo que
su equipo de relevos fue despojado de sus medallas de plata.
También
sucedió con caballos. Un entrenador de Nuevo México fue sancionado con
34 años de suspensión y un entrenador de Canadá fue suspendido durante
20 años por administrar ostarina a sus caballos.
La
Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos incautó
miles de pastillas en 11 puertos de entrada de todo el país solo en los
últimos tres años, según un portavoz. Las autoridades antidopaje
anunciaron otra sanción por ostarina el 23 de enero, a una atleta de
rugby en silla de ruedas.
En marzo de
2024, Sidney Milani, atleta estadounidense de bóbsled, regresó a Estados
Unidos tras la gira de la Copa del Mundo en Europa y se preparaba para
una competición en Lake Placid, Nueva York. Iba a la sala de
entrenamiento cuando recibió un correo electrónico de los funcionarios
antidopaje.
“Pensé que no era para mí”, dijo. “Luego lo abrí y tenía mi nombre, y fue entonces cuando entré en pánico”.
La ostarina se hizo popular de repente porque
funcionaba bien como fármaco para mejorar el rendimiento. Los atletas
que la utilizaban generalmente se hacían más fuertes. “En todos los
ensayos clínicos que hicimos, si tomas 3 mililitros una vez al día
durante 12 semanas, aumentarás un kilo de masa muscular magra”, dijo
Dalton.
Las propiedades químicas del fármaco también podrían haber tenido mucho que ver con la oleada de pruebas positivas por dopaje.
Los
químicos describen la ostarina como una sustancia pegajosa, lo que la
hace propensa a adherirse a otros suplementos debido a una contaminación
en la fábrica. La proteína en polvo que compraste en una tienda de
suplementos, por ejemplo, podría contener algo de ostarina si el
fabricante no fue meticuloso.
Es
imposible saber qué atletas utilizaron intencionadamente la ostarina
para mejorar su rendimiento y cuáles la consumieron accidentalmente a
través de suplementos contaminados, pero los funcionarios antidopaje
creen que este último grupo es considerable, ya que los controles
antidopaje positivos a menudo solo revelaron cantidades ínfimas.
Otra
característica de la ostarina es aún más irritante y ha provocado una
erosión de la confianza en el sistema antidopaje: es fácilmente
transmisible. Quizá demasiado fácilmente para las normas antidopaje
existentes.
Un atleta que dio positivo
por ostarina insistió en que no la había tomado, pero recordó que había
compartido una funda de neopreno para los isquiotibiales con alguien
que sí la había consumido. La defensa del atleta fue la contaminación
cruzada a través del sudor.
“¿Es
siquiera una explicación plausible?”, recordó haber pensado Fedoruk
cuando le presentaron el caso a su equipo de investigación de la agencia
antidopaje estadounidense.
Tras
realizar un elaborado experimento que incluía la recogida de sudor,
Fedoruk llegó a la conclusión de que sí, la ostarina se segregaba en el
sudor y podía ser absorbida por otro atleta a través de una manga de
neopreno. El atleta, un velocista de talla mundial, fue absuelto de toda
culpa.
Milani tuvo un caso similar. Pero su experiencia le hizo preguntarse si la situación de la ostarina en el deporte es aún más siniestra.
Como muchos
corredores de bóbsled estadounidenses, es una conversa del atletismo.
Muy pocos niños en Estados Unidos crecen soñando con la gloria olímpica
en una pista de bóbsled, por lo que el equipo nacional debe recurrir a
otros deportes que se caracterizan por su velocidad y fuerza explosivas.
Cuando
terminó su carrera universitaria de atletismo en la Universidad de
Alabama, fue reclutada para formar parte del equipo estadounidense de
bóbsled. El cambio colocó a Milani, que creció en una granja del centro
de Iowa, en un tobogán de hielo en la ladera de una montaña; y tuvo que
acostumbrarse a los estrictos protocolos de la Agencia Antidopaje de
Estados Unidos y, globalmente, de la Agencia Mundial Antidopaje.
Como
atleta de bóbsled con los ojos puestos en los Juegos de Invierno de
2026 en Italia, Milani tenía una visión del lado menos glamuroso del
movimiento olímpico estadounidense. Los miembros del equipo nacional
estadounidense de muchos deportes luchan por llegar a fin de mes
económicamente. Milani dijo que no era raro que algunos compañeros de
equipo durmieran en sus coches fuera del centro de entrenamiento.
Al
estrés económico se suma un programa antidopaje que atormenta a los
atletas, incluso a los limpios que desean igualdad de condiciones. Dos
aspectos del sistema, en particular, son fuentes crónicas de quejas: el
paradero y los umbrales.
Las normas
sobre el paradero, diseñadas para evitar que los tramposos eludan a los
controladores antidopaje, exigen que un deportista actualice
constantemente un programa, con tres meses de antelación, que comparta
los lugares de pernoctación diarios, una franja horaria diaria de 60
minutos con un lugar garantizado, y los planes de entrenamiento,
competición y otras actividades, incluidos los estudios y el trabajo.
Tres faltas de localización desencadenan una sanción por dopaje.
Si te gusta la espontaneidad, no te conviertas en un atleta olímpico.
“Es lo que hace que muchos atletas decidan retirarse”, dijo Milani sobre las exigencias de paradero.
La cuestión de los umbrales plantea graves problemas éticos.
Para
los atletas que se rigen por el código de la Agencia Mundial
Antidopaje, no existe umbral, o cantidad permitida en el organismo, para
la mayoría de las sustancias prohibidas, incluida la ostarina.
Tolerancia cero. El argumento es que incluso una cantidad mínima podría
indicar que el atleta utilizó la droga para mejorar su rendimiento en un
momento previo.
Pero, ¿y si es posible la contaminación a partir de algo inocente? Digamos, ¿una manga isquiotibial? ¿O incluso el sexo?
El
correo electrónico que Milani recibió de los funcionarios antidopaje
estadounidenses decía que había dado positivo por ostarina a un nivel de
0,02 nanogramos por mililitro, el equivalente a una gota de agua en una
piscina olímpica. (Los laboratorios que realizan las pruebas de dopaje
deportivo están equipados con instrumentos capaces de detectar
sustancias a un nivel de un picogramo, la trillonésima parte de un
gramo).
Los funcionarios antidopaje explicaron que si Milani no demostraba su inocencia, se enfrentaba a una suspensión de cuatro años.
Milani
negó rotundamente haber consumido ostarina. Los investigadores
antidopaje se enteraron de que su novio de entonces, con quien vivía,
consumía ostarina y, sin que Milani lo supiera, la había puesto en una
bebida energética que había preparado para él y que ella compartía. Ella
pudo haber ingerido la sustancia de ese modo sin darse cuenta. “El bajo
nivel de ostarina detectado en las muestras de orina de Milani
concuerda con este escenario de exposición única”, dijo la Agencia
Antidopaje de Estados Unidos en un comunicado.
“Todos estamos asustados”, dijo Milani sobre el equipo nacional de bóbsled. “Es aterrador que no tengan umbrales para todo”.
El
director de la agencia antidopaje reconoció que la norma es
problemática y que algunos atletas están siendo sancionados
injustamente.
“La ciencia es realmente
buena ahora, y por eso hemos estado abogando por unas normas más justas
para asegurarnos de que no se condena a los atletas por una exposición
inocente y no relacionada con el rendimiento con sustancias prohibidas”,
dijo Travis Tygart, director ejecutivo de la agencia, en un correo
electrónico.
Existe
otro escenario de exposición que desafía con más fuerza la política de
tolerancia cero. Los investigadores han determinado que la ostarina
puede transmitirse a través del semen.
Unas
semanas antes de que hablara con Milani, una triatleta suiza fue
exonerada después de que los funcionarios antidopaje determinaran que
“la contaminación inadvertida a través del contacto íntimo con su
pareja” había causado su resultado positivo por ligandrol, un hermano
farmacológico de la ostarina.
Los
funcionarios antidopaje, reconociendo que Milani no había utilizado
ostarina intencionadamente, redujeron su sanción a un año de suspensión,
a partir de marzo de 2024. Milani había pensado que podría optar a un
puesto en el equipo que competirá en los Juegos Olímpicos de este mes,
pero perderse un periodo de entrenamiento tan crítico fue un duro golpe
para sus esperanzas.
Ahora tiene la
vista puesta en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, en 2030. Pero
está desilusionada con el sistema antidopaje. Se pregunta cuál era la
verdadera fuente de la cantidad de ostarina presente en su cuerpo.
“Sigo
pensando que fue perjudicada a causa del sexo”, me dijo Milani. “Cuando
piensas en eso, como mujer, es claramente injusto”.
Varios años después de su avance
en el 2000, Dalton se unió a su antiguo colaborador Mitchell Steiner en
una empresa de desarrollo de fármacos en Memphis. Obtuvieron la
licencia del nuevo fármaco de la Universidad de Tennessee, siguieron
retocando la fórmula e iniciaron ensayos clínicos con la esperanza de
obtener finalmente la aprobación de la FDA. Nunca lo lograron.
Todavía
no se ha aprobado el uso de la ostarina en humanos, aunque Steiner
sigue desarrollando el fármaco, con el nombre de enobosarm. Su nueva
empresa, Veru, lo ha combinado con Wegovy para compensar los efectos secundarios de pérdida de masa muscular
habituales en los fármacos GLP-1 para adelgazar. Un estudio clínico en
fase avanzada ha demostrado hasta ahora que el fármaco es un tratamiento
eficaz para mantener la masa corporal magra en pacientes obesos con una
dosis diaria de 3 miligramos. Steiner espera presentar una solicitud de
aprobación de la FDA en 2029 o 2030.
Milani
pasó su año alejada del equipo nacional de bóbsled en la Universidad de
Alabama, practicando con sus entrenadores de fuerza de la universidad y
creando una organización sin fines de lucro
con el fin de recaudar dinero para los atletas estadounidenses
necesitados. A pocos pasos de allí, en la oficina del rector de Alabama,
se encontraba Dalton, el creador del fármaco que provocó su expulsión.
Le había dado un giro a su carrera y se había dedicado a la
administración.
Dalton ya no participa
activamente en el desarrollo de la ostarina. Resignado a la realidad de
que el fármaco está por todas partes en el deporte, ahora trabaja para
combatir su uso por parte de los atletas. Ha asesorado a la agencia
estadounidense sobre casos de ostarina y es presidente de un consejo
asesor científico de un grupo que revisa y financia subvenciones para la
investigación antidopaje.
“Ahora paso
más tiempo intentando que la gente deje de utilizarla que intentando
que la utilicen”, dijo Dalton. “No era eso lo que me proponía hacer con
esto”.
No
forma parte del aparato antidopaje que funcionará las 24 horas del día
durante los Juegos Olímpicos de este mes en Italia. Pero estará
observando desde casa. ¿Cuál es su deporte favorito en los Juegos de
Invierno?
“Bueno, siempre me ha gustado el bóbsled”, dijo.
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